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¿Cuántas veces hemos escuchado o leído que una determinada película es un bodrio de mucho cuidado? Lo cierto es que, tras ver un producto tan lamentable como "Epic movie", aún estoy más convencido de que no deberíamos utilizar este término tan a la ligera. Cierto que Hollywood estrena con asiduidad un buen número de producciones mediocres pertenecientes a géneros muy diversos, pero al menos resultan más decorosas que la nueva propuesta de los creadores de "Date movie", una cinta igual de lamentable que la que ahora es objeto de este comentario.
El argumento, por decir algo, nos presenta a cuatro personajes. Poco importa cuáles son sus nombres, la cuestión es que todos ellos están "sacados" de distintos largometrajes que han llegado a la cartelera en los últimos meses y que han obtenido un gran éxito en la taquilla: "El código Da Vinci", "Super Nacho", "Serpientes en el avión" y "X-Men: La decisión final". Por cuestiones que no vienen a cuento, estas personas se "introducen" en otro largometraje ("Charlie y la fábrica de chocolate"), y para huir de Michael Jackson (perdón, Willy Wonka) se esconden en "Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario".
"Date movie" recaudó en su momento ochenta y cuatro millones de dólares. Animados por semejante proeza, sus artífices se atrevieron a sacar adelante "Epic movie", una comedieta de parecidas características que ha ingresado alrededor de cuarenta millones sólo en los Estados Unidos. Por increíble que parezca, un buen número de espectadores se han dejado seducir por este espectáculo bochornoso en el que se suceden una serie de estultos y patéticos gags. El guión es abominable y no existe ningún instante de diversión a lo largo de los escasos minutos que dura la cinta, convirtiéndose en un producto que únicamente servirá para pasar el rato a todos aquellos jovenzuelos que no acuden al cine a ver una película, sino a hacer el bobo delante de una pantalla grande.
Lo único que evita que "Epic movie" sea un título execrable y que nada, absolutamente nada se salve de la quema, es la labor de algunos integrantes de su equipo técnico. Por supuesto, no me refiero a sus realizadores (Jason Friedberg y Aaron Seltzer), unos auténticos negados en esto de mover la cámara, sino a esos artistas que, mediante el maquillaje, los efectos especiales y los decorados, son capaces de recrear diversas secuencias y personajes de títulos muy conocidos por el gran público. Incluso el compositor, Edward Shearmur, escribe unas cuantas piezas musicales que, en lugar de ser paródicas, hasta se toman en serio las imágenes a las que acompañan, convirtiéndose en el único revulsivo del filme (y eso a pesar de su evidente falta de originalidad).
En cuanto a los actores, me es imposible comprender cómo a todos los que han intervenido en esta cinta no les da vergüenza que en sus currículos aparezca semejante disparate. Ninguno de ellos es una celebridad, siendo los nombres más conocidos los de Kal Penn, cuyo mejor trabajo hasta el momento ha sido su pequeña colaboración en los cuatro primeros capítulos de la sexta temporada de la serie "24", Jennifer Coolidge y Carmen Electra, ambas muy habituadas a este tipo de películas, Crispin Glover, Fred Willard y, en un pequeño papel, David Carradine.
Evaluación: [1 de 5 Estrellas!] |
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